miércoles, 1 de junio de 2016

Camino del Cambio. 23 -5

Generalmente cuando llega la noche se desatan nuestros temores, las sombras de nuestros tropiezos diurnos se ciernen sobre el inicio de nuestro sueño nocturno y un dormir inquieto se instala con nosotros bajo las sabanas.
El buen hacer del día es garantía de un dormir tranquilo y reparador.
Cuando dormimos soñamos, o quizás no. El no soñar es señal de un buen descanso, el soñar es señal de hay cosas que nos inquietan a no ser que tengamos un sueño simbólico, esos sueños que nos provocan entidades superiores y que somos capaces de recordar con detalle al despertar.
Cuando dormimos plácidamente, sin temores, es cuando una parte de nosotros, llamada alma, cuerpo astral o como queramos llamarla, sale de nuestro cuerpo físico a fin de recargarse de energía, como si se tratase de un teléfono móvil.
Esto puede parecer inverosímil, extraño o quizás imposible para algunos, pero es tan real como la vida misma. Os aseguro que nunca hablo tan rotundamente de algo si no lo conozco.
No somos capaces de imaginar la grandeza humana, si nuestro cerebro pudiese por un momento ver hasta donde late el potencial humano estallaría.
Debemos valorarnos en la medida justa a nuestra importancia y trascendencia de cara a nuestro mundo y al cosmos. 
La humanidad es un chisporroteo divino y cada chispa es una parte del Todo.

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