No dedicamos tiempo a ser observadores, multitud de cosas pasan ante nuestras narices sin que les prestemos la más mínima atención.
Cuando alguien estornuda, solemos decir: salud, Jesús o cualquier otra cosa, mientras tanto ignoramos que el estornudo le ha salido a una velocidad de 170 kilómetros por hora.
No prestamos por lo general atención a nuestro corazón o nuestra respiración, ni se nos ocurre pensar qué es lo que hace que ambos funcionen sin nuestra atención consciente. Vivimos al margen de muchas cosas que forman parte de nosotros mismos.
¿ En qué cosas dedicamos nuestra atención y esfuerzo?.
¿En ver como se viste el vecino?.
¿En ver que coche tiene el vecino?.
O tal vez en criticar a todo aquel que tiene lo que a mí me gustaría tener.
Lo cierto es que es difícil en ésta sociedad encontrar a alguien que sea feliz con lo que tiene, no dudo que los habrá, pero no son fáciles de encontrar.
Alguien dijo que no era más feliz quien más tenía, si no quien menos necesitaba.
La felicidad, la gran ausente en nuestra sociedad.
Cuanto menos desee uno, más posibilidad de ser feliz.
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